domingo, 27 de abril de 2008

Exilio

No podía olvidar aquella llamada, no especificaba nada sólo decía:
-soy yo, espérame a las cinco en la plaza. Y cortó.
No necesitaba saber más, ella de inmediato supo quien era, era la voz de él, su hombre, que no había visto hace más de un año. Gustavo había regresado.
Antonella llevaba diez minutos esperando no le gustaba ser impuntual por ello llegó a las cuatro cuarenta minutos. Volvió a mirar el reloj y sólo faltaban ocho minutos, el nerviosismo le hacía doler el estómago, quizo pararse esa banca y arrancar en señal de enojo contra Gustavo pro haberla dejado un año sola.
En eso sintió que le tocaba en el hombro, ella sintió aquel aroma, y ese tono de voz era inconfundible.
-Hola Antonella!, volví.
Ella sólo reaccionó con una tímida mirada. La impresión y el nerviosismo le tenían el cuerpo y la voz paralizada.
El sólo esperaba una bofetada de ella o un reclamo, lanzó su cigarrillo al suelo esperando aquella cachetada que cortara con aquel silencio mientras su corazón estaba embriagado de amor y espera por ella, por volver a salir a su encuentro en aquella plaza, por besarla, escuchar su voz o rozar sus manos. Por ello esperó ansioso ese momento, que las manso de ella lo tocaran aunque haya sido con odio o rabia.
-Te esperé tanto tiempo –dijo Antonella.
-Hombres, mi primo estaba involucrado en drogas, un día ocurrió una riña en donde el más grande traficante resultó perjudicado por parte de mi primo que le disparó. Mi tía, mi primo y yo tuvimos que huir de prisa pro eso no te avisé y no te pude llamar o buscar, lo hice por protegerte para que no te hicieran daño. Pero si no logras perdonarme me marcharé.
Gustavo volteó en señal de que se marcharía, pero ella lo tomó de los hombros y le dijo:
- También tengo algo que decirte.
Y Gustavo volvió a sentarse en la banca.
- Cuando tú te marchaste yo me enteré a las dos semanas después, que estaba embarazada. El primer mes todo funcionó bien, a pesar de mi tristeza me mantenía bien el hecho de que mi hijo era tuyo. Pero el segundo mes la soledad y la pena me hundieron y… Lo perdí.

La noticia a Gustavo le entristeció de tal forma que lloró arrodillado a los pies de Antonella, pidiéndole disculpas y jurándole que nunca más se separarían y que nunca la abandonaría, menos en un momento como el que tuvo que vivir sola, sin el hombre que amaba.

A pesar de todo, ella siempre supo que el volvería, y él sabía que ella estaría esperando por él.

Dicen que el amor y la amistad, si son verdaderas perdurarán en el tiempo a pesar de distancia y los conflictos.

Antonella y Gustavo demostraron aquella noche, que su amor es verdadero…


Fin!

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