Ya se hizo de noche, estaba todo anaranjado y como era de suponer todos dormían, menos yo y mi mejor amiga Estectpa. Nos escabullimos por los matorrales, es decir, los arbustos de medio metro, por que en mi planeta no crecen mas que dicho tamaño, nos acercábamos al lago que por cierto el agua es tan cristalina que aun siendo de noche te puedes ver los pies y contar los dedos. Con Estactpa todas las noches nos dirigimos hacia allá para jugar y refrescarnos. Luego salimos del lago y nos recostamos en la arena y intentamos cambiar el mundo, pensamos que si nosotras legisláramos el mundo seria maravilloso, haríamos grandes cambios siempre pensamos lo mismo.
Hoy fue distinto, mientras corríamos entre los arbustos vimos algo que fue realmente asombroso “un hombre celeste”, en mi planeta somos todos amarillos y vestimos del mismo color a excepción de nuestro gobernante que viste de púrpura. Entre la hierba apareció un hombre tan hermoso como nosotras, llevaba colgando de su cuello un diamante precioso. Pero me ocurrió algo extraño, en lugar de correr y asustarme, me acerque, sentí cierta atracción y curiosidad a la vez. Estectpa tomo mi brazo en señal de que no me acercara, pero la atracción fue como la de dos imanes con distinta carga, totalmente perdida en el brillo de sus ojos llegué hasta él, tome su brazo, me arrodille y recorrí su brazo oliendo su delicado y embriagador perfume hasta llegar al fin, su olor decía que él era de buen corazón, un alma que enamoraba a cualquiera, me sentí en otro planeta hasta que Estactpa me tomó y me alejó de él. Salí de este trance en el que había entrado pero no olvidaba su olor, su piel tan suave, tan pura, tan celeste.
A la mañana del día siguiente desperté con unas ganas adictivas de volver a verlo, no entendía que era, no comprendía como podía desear a alguien que no conocía, alguien con quien estuve dos minutos y que antes no había visto jamás.
Estactpa estaba asomada por mi ventana, mirando como despertaba con una sonrisa entre admiración por mi valentía y diciendo “estas loca”, pero la ignore y me reí y continué haciendo mis cosas sin tomar en cuenta lo que ella me decía; Estactpa me perseguía por toda la casa haciendo preguntas muy ansiosa, pero prefería no atender a lo que ella decía.
Por la tarde, como era invierno, no había clases asistíamos a la escuela en verano; ocupábamos el tiempo arreglando o confeccionando naves espaciales. Estactpa se acerco y me pregunto si repetiríamos lo de la noche anterior, no quise responder, preferí no hacerlo, mi cabeza estaba tan ocupada recordando su olor, su color, sus ojos que en realidad no logre responder su pregunta, ella se enfado conmigo, por que durante todo el día no la tome en cuenta, cuando anaranjaba me dirigí a casa con la disyuntiva de ir o no a su encuentro, quizás él era malvado y planeaba algo, pero luego pensé que no era así, por que era tan perfecto, tan hermoso que no daba como para ser malvado, pero esa conclusión no resolvía mi pregunta si debo ir o no ir. Estactpa llego a mi casa a la misma hora de siempre, golpeó mi ventana y me pregunto si deseaba ir; al ver su apoyo y su mirada de “confía en mi” decidí ir y allí estaba, donde mismo, pero sobre un caballo con un cuerno que salía de su frente, él no me hablo, solo extendió su mano y me invito a subir.
Sin pensarlo tome su mano y subí a su extraño caballo y él como si escuchara mis pensamientos me dijo “unicornio, se llama unicornio, sujétate fuerte” el caballo abrió sus alas que en realidad aun no se de donde salieron y emprendió el vuelo, recorrimos los campos, las praderas y volvimos al sitio de donde salimos, me bajó del unicornio y me besó la frente.
Estectpa me esperaba allí, casi dormida de aburrimiento, nos fuimos a mi casa, ella no paraba de hacer preguntas, pero me era imposible dar algún tipo de respuestas, el me dejaba sin palabras. Hasta ese momento solo estactpa y yo sabíamos de la existencia de aquel hombre celeste, pero al pasar de los días en el pueblo se oía hablar de el, al paso de semanas ya lo habían catalogado de homicida y el pueblo completo fue al bosque en busca de él para hacer pagar por sus delitos que en realidad no tenia, no existían dichos delitos, pero la situación no daba para mas.
Un día después de nuestro paseo por las colinas, el nuevamente me beso la frente y me puso su colgante, en ese momento supe que era una despedida; no le dije nada, pero el prometió volver por mi. Aun espero su regreso y aferrada a su colgante paso los días anhelando su llegada.
Kattya Apablaza Köhnenkamp
4to medio C
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